El amor a uno mismo, sin olvidar al otro, nos permite encontrarnos y contactar con nuestra verdadera naturaleza. Para poder empezar a tenernos en cuenta y amarnos, es necesario que conozcamos nuestros jueces internos y cuáles son los mandatos que nos llevan ano dedicarnos tiempo y atención, y que impiden la satisfacción o incluso el reconocimiento de nuestras necesidades: expresar, amar, crear, gozar, comunicar, etc.